La Importancia del Diálogo Interno en el Crecimiento Personal
3/30/20263 min read


EL DIÁLOGO INTERIOR
Si hay algo de lo que tenemos que tomar consciencia para poder promover nuestro desarrollo personal, es de cómo nos hablamos a nosotr@s mism@s. Una vez me dijeron, “hablate como lo harías a tu mejor amiga”. Realmente no entendí cómo hacerlo, pensé, “vale, me tengo que tratar bien”, pero era algo muy abstracto, no aterricé el concepto y no encontré la fórmula para saber de qué se estaba hablando.
Fue, intentando escribir un informe en el trabajo para enviarlo a un juzgado. Era un caso complicado y tenía miedo de que me llamasen a declarar. De pronto una frase pasó por mi mente y la ví tan claro que yo creo que llevaba hasta luces de neón “la voy a cagar y me van a despedir, no puedo hacerlo”. WOW!!! Fui tan consciente de ese pensamiento…que me dije, ¡¡¡esto me lo acabo de decir yo!!! No podía dejar de flipar (me encanta flipar con estas cosas). Esta experiencia me concedió una paz tremenda, ya que fui consciente de que SÓLO ERA UN PENSAMIENTO, no era la verdad. Desgrané mis miedos, pensé en lo peor que podría pasar y que lo afrontaría, pensé en que yo era una buena profesional y que pasara lo que pasara sería material para un gran aprendizaje. Así que la emoción de miedo se disipó.
TOMAR CONSCIENCIA
La calidad de estas conversaciones van a determinar totalmente las experiencias que vivimos. La mayor parte del tiempo, no somos conscientes de cuál es nuestro diálogo interno. Hay personas que sí que son más observadoras sobre cuáles son los pensamientos que está teniendo y qué cosas se dice a sí mismas. Pero hay otras, entre las que yo me incluía, que nos identificamos o nos mimetizamos con nuestros pensamientos, emociones, deseos o anhelos y les dotamos del papel de protagonistas, dejándonos llevar por ellos en vez de darle voz a nuestro “yo adulto” o conductor del vehículo. La forma de hablarnos a nosotras mismas viene generada desde nuestra más temprana infancia. Una de las disciplinas de la Psicología, es la “psicología del desarrollo” donde se estudia cómo se produce el aprendizaje en la infancia de aspectos cruciales para nuestra psique posterior. Según esta rama, primero la norma, creencia, opinión está fuera, es externo a nosotros y posteriormente la interiorizamos y la “hacemos nuestra”. Esto quiere decir que cuando somos niños y niñas lo que nuestro entorno adulto nos va comunicando, haciéndonos saber a través de la comunicación no verbal, afecto, atención, etc.., es lo que posteriormente vamos a tener como certezas internas, creencias arraigadas, carencias o determinantes de nuestra autoestima. Por ello, nuestro diálogo interno será automático y de los colores que asumimos que eran los más bonitos en la infancia. Al poner consciencia en lo que nos decimos, cómo nos animamos o desmotivamos, cómo nos decimos “estoy haciendo el ridículo” o “van a pensar que soy una listilla”, podemos poner encima de la mesa cuál es nuestra forma de tratarnos y cambiarla si es necesario (spoiler: la mayor parte de las veces, sí hay que cambiarla).
¿CÓMO CAMBIARLO?
Para ello se requiere de “salirse” de uno mismo y colocarse como un observador externo de las frases que transcurren por nuestra mente. De esta forma, podemos decidir no creer a un pensamiento de miedo, decirle: “no te hago caso, esta vez lo intento” o “no soy una impostora, tengo la experiencia y formación que me avalan y quiero hacerlo” pero para ello debemos de saber que el pensamiento primero desalentador es sólo un pensamiento, que no es verdad y que normalmente lleva canas y viene sin avisar. Por eso cuesta tanto “cambiar” porque hay que hacer un esfuerzo en detectar estos pensamientos y eso es duro de narices, hay que poner conciencia, es decir, darnos cuenta de cual es el pensamiento y esto requiere de fuerza de voluntad, una habilidad que se puede entrenar, sin duda. De nosotr@s depende el tomar consciencia de cómo nos hablamos y tratamos internamente. Te animo a que tengas una libreta contigo estos días y que anotes qué tipos de pensamientos, creencias o juicios que realices. Sólo anotarlos, no juzgarlos o intentarlos cambiar. Con solo ese gesto, ya tienes mucho ganado. Después tú decides si hacerle caso o no.
